Mi papá nunca ha tenido una tarjeta de crédito. Paga todo en efectivo o a veces con su tarjeta de débito, le presta dinero a sus amigos con un apretón de manos como contrato y no es el más fan de los bancos. Y le ha ido bien. Tiene casa, carro, familia y cierta estabilidad económica construida a su manera.
Hoy yo no podría hacer lo mismo aunque quisiera.
No porque sea irresponsable, sino porque el sistema cambió. La tarjeta de crédito dejó de ser un símbolo de estatus bancario para convertirse en un instrumento financiero que abre o cierra puertas en el mundo moderno. Veamos cómo fue ese cambio y qué significa para quienes estamos construyendo actualmente nuestra tranquilidad financiera.
El México en el que creció mi papá: efectivo, confianza y apretón de manos
Para entender por qué mi papá no necesitó una tarjeta de crédito, hay que entender en qué México vivió.
De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la primera tarjeta de crédito en México (y en América Latina) fue lanzada en 1968 bajo el nombre “Bancomático”. Un año después, se emitió una tarjeta afiliada al sistema BankAmericard, antecedente directo de Visa. Sin embargo, que existiera no significaba que estuviera al alcance de todos.
El crédito bancario moderno comenzó a consolidarse en México en la década de los 70, cuando los bancos mexicanos empezaron a emitir sus propias tarjetas. Durante las siguientes dos décadas (llegando hasta los noventas), quienes podían tener una tarjeta de crédito vivían en las ciudades y tenían un trabajo estable en una empresa grande.
Si tu papá era comerciante, trabajaba por su cuenta o vivía fuera de una ciudad grande, era más difícil que pudiera tener una tarjeta de crédito.
La bancarización digital lo cambió todo
El salto más importante no ocurrió en una sucursal bancaria. Ocurrió en el teléfono.
La CNBV y el Inegi reportaron en los resultados de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, que cerca de 8 de cada 10 personas en México tienen al menos un producto financiero formal, alcanzando el mayor nivel de inclusión financiera desde que comenzaron a medirse estos datos en 2015.
Eso es un cambio estructural enorme si se compara con el México de los ochenta o los noventa, donde una parte muy considerable de la población operaba fuera del sistema bancario.
De acuerdo con los resultados de la ENIF 2024, el 63% de los mexicanos entre 18 y 70 años tenía al menos una cuenta de ahorro formal, un aumento de casi 19 puntos porcentuales desde 2015. En cuanto a créditos formales, el 37.3% disponía de al menos uno, con un incremento de 8.2 puntos desde ese mismo año.
¿Qué lo hizo posible? Las fintechs, las SOFIPO y las apps financieras eliminaron la principal barrera de entrada: ir a una sucursal y demostrar ingresos con nómina formal ya no es el único camino. Hoy puedes abrir una cuenta desde tu celular en menos de diez minutos.
El efectivo también cambió de rol
En el México de tu papá, el efectivo era suficiente para casi todo. Hoy no lo es.
Reservar un hotel en línea, comprar un vuelo, suscribirte a una plataforma de streaming, pagar en una app de delivery, hacer una compra en e-commerce: todas estas transacciones están diseñadas para tarjeta (de crédito o débito), no para efectivo.
La misma encuesta afirma que el uso del efectivo como medio de pago más frecuente en compras tanto menores como mayores a 500 pesos disminuyó entre 2021 y 2024, mientras que las tarjetas de crédito o débito y las transferencias electrónicas incrementaron su participación.
Esto es el reflejo de una economía que cada vez migra más hacia lo digital, donde las transacciones sin efectivo son trazables y seguras. El problema es que quien no tiene acceso a esas herramientas puede quedar excluido de una parte creciente del mercado.
¿Por qué tener una tarjeta de crédito y buen historial crediticio?
El historial crediticio es tu currículum financiero. Y como todo currículum, lo que importa no es solo lo que aparece en él, sino también lo que falta. La mayoría de las personas asocia el historial crediticio únicamente con pedir un préstamo. Pero su impacto es más amplio:
- Rentar un departamento. Muchos propietarios (especialmente en ciudades grandes) podrían consultar el historial crediticio antes de rentarte. Tener un historial vacío o negativo puede significar que te pidan más meses de depósito, un aval o simplemente que te rechacen.
- Tramitar una visa. La visa americana, entre otras, considera la situación financiera del solicitante como parte del proceso. Tener una tarjeta de crédito activa con buen comportamiento de pago es evidencia de solvencia y arraigo económico en el país.
- Créditos hipotecarios y automotrices. Para acceder a un crédito hipotecario (ya sea con una institución financiera o comprar casa con el Infonavit) el historial crediticio es uno de los factores que determinan las condiciones del préstamo: monto, tasa y plazo.
Según la Condusef, el Buró de Crédito no es una lista negra: es una Sociedad de Información Crediticia que documenta tu comportamiento de pago, tanto los pagos puntuales como los atrasos.
Lo que la Condusef no dice (pero que es una consecuencia natural) es que no aparecer en él también puede limitarte. Sin historial, las instituciones financieras no tienen forma de evaluar tu confiabilidad, lo que puede traducirse en rechazos, condiciones menos favorables o requisitos adicionales como avales o depósitos mayores.
¿Cómo se construye un buen historial crediticio?
Construir historial crediticio requiere consistencia y planeación financiera. Estos algunos principios básicos que pueden ayudarte a darle forma o a reconstruir tu historial si has tenido algunos problemas con el crédito en el pasado:
- Paga a tiempo, siempre. El factor más importante en tu historial es el comportamiento de pago. Un solo retraso puede afectar tu perfil crediticio durante meses.
- No uses más del 30–50% de tu límite de crédito. Usar el 100% de tu línea de crédito mes a mes puede interpretarse como señal de dependencia financiera, aunque pagues puntualmente.
- No canceles tarjetas sin una razón clara. La antigüedad de tus cuentas también cuenta. Una tarjeta vieja y bien manejada suma a tu historial.
- Empieza donde puedas. Si nunca has tenido crédito formal, existen productos diseñados específicamente para ese punto de partida. La Tarjeta Garantizada Nu, por ejemplo, funciona con un depósito de garantía que respalda tu línea de crédito, lo que permite que cualquier persona empiece a construir historial desde cero sin necesidad de un aval o historial previo.
La generación de tu papá no necesitaba entender esto, pero tú sí
Tu papá no estaba equivocado. Tomó decisiones sensatas dentro de las reglas de su tiempo.
Pero las reglas cambiaron.
Hoy, la bancarización no es un truco del sistema financiero para cobrarte intereses: es infraestructura. Es el mecanismo a través del cual el mundo moderno evalúa tu confiabilidad económica antes de darte acceso a vivienda, crédito, trabajo o movilidad internacional.
Entender eso —y decidir activamente cómo participar en ese sistema— es la diferencia entre ser sujeto de las reglas y saber jugarlas a tu favor.
La generación de tu papá aprendió a manejar el efectivo con maestría. La tuya necesita aprender a manejar el crédito con la misma inteligencia.
Preguntas frecuentes sobre por qué tener una tarjeta de crédito
¿Para qué sirve realmente el historial crediticio?
El historial crediticio es el registro de tu comportamiento de pago ante créditos, préstamos, tarjetas y otros productos financieros. Sirve para que instituciones bancarias y de otro tipo evalúen si eres un pagador confiable.
Un historial positivo facilita el acceso a créditos hipotecarios, automotrices, rentas y trámites como visas, entre otros. Un historial vacío (por no haber tenido crédito nunca), o con registro de deudas no pagadas, puede limitar ese acceso.
¿Es verdad que el Buró de Crédito es una “lista negra”?
No. El Buró de Crédito es una sociedad de información crediticia que registra tanto el historial positivo como el negativo de las personas. Aparecer en el Buró no significa algo malo: significa que el sistema tiene información sobre ti. Lo relevante es qué dice ese historial, no el hecho de estar registrado.
¿Qué pasa si nunca he tenido una tarjeta de crédito?
Si nunca has tenido un producto de crédito formal, es probable que no aparezcas en el Buró de Crédito o que tu historial esté en blanco. Eso se llama “invisible crediticio” y puede dificultar el acceso a créditos, rentas o trámites que requieren solvencia demostrada.
La solución es empezar: existen tarjetas diseñadas para personas sin historial previo, como las tarjetas garantizadas, que permiten construir ese registro desde cero de forma controlada.
En Nu México queremos que nuestros clientes y lectores tengan la información necesaria para tomar decisiones mejor informadas con su dinero y así ayudarles a recuperar el control de su vida financiera. Este contenido se ofrece de forma educativa e informativa para ayudarlos a lograr ese fin. Si deseas conocer más detalles sobre los productos y servicios que ofrece Nu México Financiera S.A. de C.V., SFP visita nuestro sitio web oficial https://nu.com.mx/
